Es más fácil comprender lo anterior si se pone un ejemplo que me resulta muy claro. Una de los objetos más comunes en el área del diseño industrial son las sillas. Es increíble la cantidad de sillas de diferentes formas, tamaños y materiales que existen en el mercado, sino, basta con pasar por una de las vitrinas de las tiendas de VITRA para quedar atónito frente a las estanterías donde reposan las sillas más famosas del diseño actual. Pero, no es precisamente la función lo que hace que estas sillas sean dignas de costar sumas que alcanzan números de tres y hasta cuatro cifras. Si así fuera, si solo se compraran sillas porque son necesarias para sentarse, seguiríamos fabricando, haciendo y vendiendo la famosa silla de cuatro patas en madera.
Desde la conocida silla Pantone, la ID chair, o el Sofá Polder, todos estos objetos de diseño han sido exitosos porque, antes que estar pensados bajo la necesidad de suplir una función, tienen un concepto, ese algo que las diferencia y que hace que simples objetos de uso puedan llegar a crear todo un universo de significado alrededor de ellos. Es la capacidad de llegarle al ser humano por las sensaciones hasta crear vínculos verdaderamente sentimentales. Y es que no se porque es tan difícil de comprender...Los diseñadores no trabajamos con la función, sino con el significado.


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